Primer viaje (2008)

La presencia de una de nosotras en las escuelas se hacia indispensable y luego de un año trabajando en pro del bienestar de estos niños y sus familias, el deseo de conocerlos y el de ver algunas obras concretadas primaron en mi decisión de organizar el viaje junto a una de mis hijas.  De la Comunidad Toba volvimos al pueblo con el alma partida de tristeza. Los encontramos desamparados en medio de un páramo de tierra seca; confundidos de ser exiliados en su propio hogar; acorralados en su subsistencia cotidiana por la falta de trabajo y la árida arenilla bajo sus pies en la cual los cultivos no prosperan. Dueños provisorios de chozas de adobe, paja y alguna chapa que no haya sido volada por los vientos, hacen huella en su andar por un kilómetro hasta la canilla que les provee un escaso chorro de agua potable.  Fuimos recibidas con calidez, y hasta sorprendidos parecían algunos al comprobar que se concretaba la visita prometida. Al llegar a la escuela 322 y más tarde al edificio del Anexo Cancha Larga, que logramos construir con el aporte solidario de cientos de personas, la algarabía de los niños y algunos de los padres presentes colmó cualquier expectativa de nuestra parte… Ya no estábamos solas.  Al partir de Pampa del Indio, con los ojos anegados en lágrimas miré mis manos… Cuántas veces habían acunado a mis hijas… Las vi pequeñas para sostener tanta miseria. Indiferencia y abandono fueron dos palabras que durante las horas del viaje de regreso borré de mi vocabulario. Llegué a casa con la determinación de encarar este proyecto de ayuda con más ahínco que nunca. Moitsa Flisar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio