Una epopeya sin verso (2016)

¿Cómo relatar un viaje que fue tedioso pero que finalmente consideramos que fue recompensado?
Esta es la historia del viaje que emprendimos Laura, Verónica, Betty, Pinky y Lucila el sábado 14 de mayo, a las 21hs cuando nos subimos al ómnibus rumbo a Resistencia…
Domingo: el ómnibus llegó dos horas más tarde de lo previsto. En Resistencia llovía… Alquilamos una camioneta y nos fuimos al EASY a comprar las herramientas para las huertas de dos escuelas. Finalmente, salimos rumbo a Villa Río Bermejito (300km de Resistencia). Llegamos cerca de las 19hs al hotel, donde el divino del director de Víboras Blancas, Francisco Navarrete, y su señora, nos esperaban con un chivito ahumado. Disfrutamos una cena con ellos y con cuatro docentes.
Ese mismo domingo, por la mañana, había salido el grupo de los Pukis (el Tano, Mariano, Miguel y Sasha) que habían conseguido una combie donde traían lo que nosotras habíamos juntado y TODO lo que ellos también consiguieron… Ropa, alimentos, remedios, útiles escolares, harina, una bicicleta, no me acuerdo qué más, y 184 ponchos que confeccionamos con tres rollos de polar porque nos habíamos enterado que estaban pasando mucho frío.
Los Pukis tuvieron un viaje lleno de inconvenientes… En un momento pincharon DOS cubiertas, en otro empezaron a perder gasoil, más adelante se perdieron y terminaron en un camino de tierra que era imposible transitar con lo cargados que estaban. Retrocedieron.
Lunes: Llegaron los Pukis a las 9 de la mañana. Más de 24 horas viajando y ellos sin dormir. Unos genios.
Mientras desayunaban, las chicas reorganizábamos qué llevar ese día a las escuelas. El resto lo dejamos en el hotel. Desde Villa Río Bermejito hasta las escuelas, tenemos unos 35km de tierra en el impenetrable.
Cuando ya estábamos en el camino de tierra, nos encontramos con una camioneta que volvía… ¡Piquete en el puente de La sirena! No podíamos pasar, y no nos animamos con todo lo que llevábamos.
De vuelta en Bermejito, decidimos ir a Castelli (70 km) para almorzar, comprar lo que nos faltaba y entrar al impenetrable por el otro lado… En la comisaría nos dijeron que los piquetes a las 17hs se levantaban.
Ya en Castelli, almorzamos, dejamos a los Pukis durmiendo una merecida siesta en la combie y fuimos a hacer las compras.
Repuestos un poco todos, salimos de nuevo rumbo a las escuelas. Sabíamos que no íbamos a ver a los chicos por el horario, pero queríamos descargar las cosas para poder pasar los piquetes sin mercadería. Terrible fue nuestra sorpresa cuando en el puente de Santa Ana, ¡otro piquete! Dejamos unos bidones de agua y pasamos…
Llegamos a El Simbolar a las 19hs. Había dos docentes. Descargamos lo que teníamos para ellos: ropa, comida, algo de útiles escolares, dos palas para la huerta. Y los ponchos…
Llegamos a Olla Quebrada a las 20:30hs. En ese momento, el director salía en su camioneta para llevar a El Espinillo a un bebé que estaba que volaba de fiebre. Nos quedamos a charlar un ratito, mientras nos hacían café, con cinco docentes. Decidimos hacer centro de depósito ahí, así que descargamos lo que teníamos para ellos, para el Puesto Sanitario y lo que habíamos llevado para los chicos que van al secundario en El Espinillo. Teníamos previsto coordinar con la directora del secundario un padrinazgo para el albergue, para que los chicos supieran que si querían estudiar ahí, iban a tener lo necesario.
A Víboras Blancas llegamos como a las 22hs. Despertamos a Francisco y señora, quienes no nos dejaron salir sin darnos de comer. Descargamos lo que les habíamos llevado, y una computadora y una impresora. Hasta este momento, llevaban todas las notas, planillas, circulares y lo que fuera, a mano…
Con la linterna, recorrimos las instalaciones y la huerta. Salimos 1:30 rumbo al hotel.
En Paso Sosa, ¡piquete!
Ya no teníamos nada en la camioneta ni en la combie. Bajamos a negociar el paso. Nos dijeron que habían levantado la barrera a la 1, que la volvían a levantar a las ¡3 de mañana! Les contamos que éramos madrinas, que habíamos venido a visitar las escuelas, que habíamos dado toda la vuelta para pasar por Santa Ana… Y entre los del piquete estaba el director de la escuela de Paso Sosa quien nos dijo que ellos también tenían muchas necesidades. Nos comprometimos a pasar al día siguiente por ahí. No nos creyeron pero, gracias a los paquetes de yerba de los Pukis, nos dejaron pasar…
Por suerte, los del piquete del puente La sirena estaban dormidos, así que, cuando llegamos, nos levantaron los troncos.
Llegamos al hotel que ¡estaba cerrado con llave! Llamamos por teléfono y nos vinieron a abrir. Acordamos desayunar a las 9 de la mañana, un poco tarde para todo lo que teníamos por delante, pero necesitábamos descansar.
Martes: desayunamos, cargamos gran parte de lo que nos quedaba y partimos… En el piquete del puente La sirena, dejamos ropa y pasamos. Cuando llegamos a Paso Sosa, pedimos que nos dejaran pasar y que nos llevaran a la escuela. Cuando vimos al director, le dijimos: “ayer no nos creíste, acá estamos”. Y sí, necesitan mucho. Así que les dejamos lo que teníamos en exceso. Unas galletitas, unos buzos que le regalaron al Tano (¡uno para cada chico de 7º grado!). Estaban muy contentos. Jardín tiene poco y nada. Como las mamás cocineras estaban en el piquete, los docentes estaban preparando el almuerzo… Hay cosas que son muy difíciles de entender.
Comentando con el director nuestra intención de apadrinar el secundario de El Espinillo, me cuenta que había otro secundario en la zona de La Sirena. El CEREC, Centro de Estudios Regionales El Colchón. Pensamos que sería interesante tener más datos del lugar.
De ahí, a Olla. La noche anterior, quedamos en almorzar con los docentes. Y ahí estaban, esperándonos con pizza y un lechón. Y sin chicos. Había paro docente, así que no hubo clases… Volvimos a dividirnos. Pukis y chicas en la escuela hablando con la cooperadora y docentes, Pukis y chicas con remedios rumbo al Puesto Sanitario de El Espinillo. El doctor Diego Castro nos recibió con muchísima alegría. Volvimos a Olla a buscar al resto del equipo que relevó todas las necesidades y acordó el esquema de ayudas.
Por supuesto, llegamos a Víboras Blancas cuando las clases se habían terminado, así que, aunque se acercaron varios de los alumnos, poco pudimos hacer. Los Pukis emprendían la vuelta a Buenos Aires ¡y sólo habían dormido una corta noche! así que salieron diciéndonos que iban a negociar nuestro posterior paso por los piquetes… Nos quedamos un ratito más y salimos… Sin mucha complicación, pasamos los dos piquetes. En el puente La sirena, nos avisaron que el miércoles abrían de 7 a 8… Así que rajamos al hotel a dormir.
Miércoles: A la noche volvíamos a Buenos Aires, teníamos que estar en Resistencia no más tarde de las 19hs para devolver la camioneta. Decidimos dejar las valijas y volver a buscarlas aunque nos robara tiempo precioso. A las 6:30 salimos del hotel con la pocas cosas que nos habían quedado dispuestas a utilizarlas para pasar los piquetes.
7:03hs llegamos al puente La Sirena que estaba cerrado… Todavía no había llegado el organizador, no querían dejarnos pasar. Y nos avisaron que, si entrábamos, no sabían ¡si salíamos!
Defraudadas, pegamos la vuelta. No habíamos visto a los chicos de ninguna de las escuelas, no habíamos repartido los ponchos, no habíamos llegado a hablar con el secundario… Nos habían quedado remedios para el puesto sanitario que se nos habían pasado por alto… Habíamos organizado un viaje llenas de expectativas. Las sonrisas de los chicos, sus abrazos, sus dibujos, sus cantos. 1300km de recorrido y nos volvíamos sin nada que nos llenara el corazón.
Pegando la vuelta, nos encontramos con una camioneta que hicimos parar para avisarle de las condiciones del piquete. Era Vladimiro, uno de los docentes que habíamos conocido en Paso Sosa. Le dimos todo lo que llevábamos.
Seguimos viaje al hotel. Paramos otra camioneta para avisarle lo mismo. El conductor nos dice: no paso por el piquete, voy al CEREC. Le preguntamos si lo podíamos acompañar. Nos dijo que sí. ¡Qué habrá pensado de cinco locas que a las 7:30 de la mañana lo querían seguir!
Llegamos justo para el izamiento de la bandera. Fue increíble. El auto de unos docentes se detuvo en el camino. El docente que estaba en la formación, hizo que todos los chicos se descubrieran la cabeza y sacaran las manos de los bolsillos… Recién en ese momento, se izó la bandera.
El director no se encontraba. Se había ido a Río Muerto Cruz a ver cómo se hacía cargo –como anexo– del secundario que pensaban abrir en ese paraje. Nos recibieron la asistente pedagógica qom, la bibliotecaria y una de las preceptoras. Recorrimos las instalaciones y nos contaron del proyecto. Fuimos a clase de 5º año porque queríamos conocer a los futuros egresados. Estaban en clase de ¡microemprendimientos!… Son 7 alumnos que tienen ganas de tener su remera de egresados, su viaje y de iniciar la costumbre de terminar 5º con una cena de gala con los padres, docentes y amigos… Ellos tienen un kiosco en el secundario para juntar fondos, organizan rifas… Unos divinos totales. Cuatro chicas y tres muchachos de entre 17 y 22 años. Una sueña con ser psicóloga, un par con ser policías o asistentes sociales. Están haciendo un taller vocacional para decidirse. Tantas ganas, tantos sueños que esperan cumplir…. Y nosotras ahí. Preguntamos si tenían padrinos, nos dijeron que no. Preguntamos si querían que nosotras fuéramos sus madrinas, y nos dijeron que sí. Hoy el gobierno está reconstruyendo los albergues, ahora duermen los muchachos en el SUM y las chicas en una de las aulas. ¡Hay más de 80 alumnos!
Y fue entonces cuando nos dimos cuenta que por algo no pasamos el piquete. Que por algo nos perdimos las sonrisas de nuestros ahijados pequeños. Que por algo no llegamos al secundario de El Espinillo. Que, por algún motivo, nos cruzamos con un docente del CEREC en el camino. Todo tiene su razón de ser. Ese par de horas que estuvimos ahí, consiguió que no diéramos el viaje por perdido. Nos llenó nuevamente de ilusiones y nos hizo volver con muchas ganas de seguir…
Anécdota de la vuelta: cuando volvemos al hotel a buscar las valijas, nos avisan que hay ¡DOS PIQUETES EN LA RUTA! Así que preguntamos en la comisaría cómo hacer para llegar a Resistencia y nos indicaron un camino alternativo de 35km de tierra para evitarlos. Llegamos a Resistencia llenas de humo y polvo, pero llegamos. Y, como broche de oro, el ómnibus que habíamos pagado con suite, resultó ser un coche cama común y corriente en el que nos congelamos durante todo el viaje.
Pero no importa. Ya estamos de nuevo al pie del cañón.
Lucila Calp

1 comentario en “Una epopeya sin verso (2016)”

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