Transcurrió el año 2009 con mucho esfuerzo de todas para sostener nuestra cruzada. No perdemos nuestro objetivo de vista: los niños del Chaco que esperan su copa de leche al llegar a la escuela –luego de caminar cinco kilómetros y quizá sin haber cenado la noche anterior–, algún cuaderno o lápiz, algún par de zapatillas que con suerte será nueva o un juguete para el día del niño, no son menos importantes para ninguno de ellos.
Organizar nuestro tiempo de mamás trabajadoras para intercalar esta tarea de corazones solidarios ha sido un aprendizaje y un crecimiento para mí y mi familia. He insistido, con fe y creyente de que los milagros existen, solicitando donaciones a empresas y particulares para que aportaran su granito de arena a nuestro proyecto.
La visita anual del año pasado estaba organizándose para cuando llegó la noticia del avance de la invasión de mosquitos que transmiten el dengue. Preocupadas por la situación decidimos postergar el viaje e invertir en las mochilas que, según nos comunicaba Raúl Magdalón, eran imprescindibles para fumigar las viviendas y las escuelas. Para combatir la plaga, también le proveímos los productos necesarios debido a que no les llegaba la partida que el municipio había prometido entregarles un mes atrás.
El viaje se concretó en junio de 2010. Emocionada, deseosa de conocer a los niños y de darle un hermoso abrazo de mamá a cada uno, sintiéndome tan pequeña como gigante a ellos, bajé del auto casi tropezando para verlos venir en tropel hacia nosotras gritando: ¡madrinas, madrinas!
Mirar sus caritas cuando más tarde les servimos la comida me colmó el corazón. Este recuerdo es el que me da fuerzas para seguir con esta tarea e insistir en que se hace necesario llenar sus platos para que no tengan que pedirnos más comida. Porque, les cuento que no había más, solo un pequeño cucharón para cada uno.
Hermosa fue la charla que mantuve con los cuatro chicos que ya se reciben en la primaria. Prometieron seguir esforzándose para estudiar y nosotros prometimos esforzarnos en conseguir amigos que los apadrinaran en la secundaria. Escucharon cuando les hablé de la importancia de convocar a los más pequeños para ir a la escuela; para que estén mejor alimentados y para que puedan aprender el castellano, ya que solo hablan su dialecto. Esto les ayudará a sociabilizar y a realizar en forma más apta sus estudios.
Con alegría, hoy les comparto la buena nueva: luego de la realización del censo se aprobó el funcionamiento del jardincito al cual, desde el mes de septiembre, ya están concurriendo veinticinco niños.
Gracias por contactarnos y por la contribución que estén dispuestos a compartir con ellos a través de nosotras.
Vero Somoza


